lunes, 23 de noviembre de 2009

Pasar una semana de noviembre


He arrancado el mes un poco a trompicones. Aún estoy intentando recuperarme del arranque del curso, que siempre tiene una parte pesadilla a la que me acostumbro como puedo y este año una parte prometedora, imprevisible, absolutamente nueva en mi familia: mi hija Marta ha empezado en la facultad. No sé si para mi padre supuso algún orgullo el tener un hijo universitario, igual ya le cogió algo mayor y con otros hijos que quizás le dieran otras “satisfacciones” o nietos. En fin, para mí aunque suene un poco a ñoñería, me causa una mezcla de agradables sensaciones e inquietud el que Marta enfoque su objetivo para conseguir ser maestra. Ya veremos cómo se va desenrollando este hilo de cometa y en qué corriente de aire acaba volando. Confío en que vaya bien. Ya lo diré, ya lo contaré.

Así he arrancado, pero este noviembre que nos está regalando por estos lares una segunda primavera está contribuyendo a ser un mes de transición agradable hacia el invierno y las pascuas que tanto me gustan. En este mes siempre se producen acontecimientos importantes que no siempre puedo o sé aprovechar pero que este año, seguramente porque tengo uno más, me he propuesto no dejar pasar.

Como he dicho al principio, hablaré de mi semana de noviembre. El martes 17, día de Santa Isabel de Hungría, nos encajamos el pibón y yo en el teatro Maestranza para flipar con la actuación de Cassandra Wilson y su banda (el jazz es otra de mis debilidades). Esta mujer es una persona muy particular a la hora de entender la música y no menos particular a la hora de interpretar. Me encanta el jazz porque lo único que sabes es como empieza, es como cuando empiezas un libro o como cuando escribes, nunca sabes cómo vas a acabar (como la caja de bombones de Forrest Gump). Grandísima la banda que acompañó a Cassandra Wilson, grandísimos los bajos de esta voz negra en la versión de “to say goodbye” (Pra Dizer Adeus de Elis Regina). Para el contraste del dulzor del concierto, después nos pasamos por el bar de Horacio en la c/Antonia Díaz, donde dimos cuenta de algún pinchito de langostinos con dátiles y otras esquisiteces regadas con un buen Rioja.

El miércoles, el pibón y yo nos lo habíamos pedido de vacaciones, así que niños en colegio y facul+mañana soleada en Sevilla=desayuno en Triana+paseo y visita a la exposición de pintura de la Casa de Alba en el Museo de Bellas Artes que desde aquí recomiendo a todos por su variedad y calidad. Ya sabemos que los señoritos de la casa de Alba, aparte de ser una fuente de ingresos cojonuda para toda la carroña de la prensa negra (por otros llamada rosa), se dedicaron durante toda su vida a gastar parte de su incalculable fortuna en arte y mecenazgos y aquí estamos nosotros para disfrutarlo. Con lo que más flipé: el cuadro de Marc Chagall por el azul (os he puesto una foto arriba) y el Zuloaga de la duquesa niña a caballo, por lo moderno y naif. Merece la pena, va a estar hasta después de Reyes.

La semana la hemos rematado con un “poquito” de senderismo con amigos y familia a Benaocaz desde el puerto del Boyar pasando por el salto del cabrero, en el parque natural de Grazalema. Prometo colgar alguna foto. Creo que no me he comido un bocata más a gusto en mucho tiempo como el del sábado pasado sentado al sol en una ladera de roca delante del barranco del salto del cabrero, observando el interminable planeo de los buitres negros.

El domingo tuve que ir por una garrafita de mosto de la bodega de Francisco salado de Umbrete para reponernos. Para sobornar a mis niños tuve que invitarlos a un montadito en la bodega de Gaviño de la Pañoleta. Les encanta que no tengan platos y que te sirvan las tapas en papel de estraza. Creo firmemente que esto debe formar parte del itinerario educativo de nuestros hijos. Seguro que a esto se apuntan más que a clases de educación para la ciudadanía cívico social y formación del espíritu nacional o la madre que los parió. Espero que este otoño presagie un buen invierno. A más ver hermanos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Mangazos y egipcios.

A medidados de los años 50, recién terminada la época de las cartillas de racionamiento, harinas de garbanzo, archicoria, cocinas económicas y demás, mi padre me contaba que para poder contribuir a los gastos que se le venían encima por una operación de riñón a la que hubo de someterse mi madre, se dedicó por un tiempo, valiéndose de su condición de ferroviario, a pequeños trapicheos y estraperlos. Para ello, cuando llegaba a la antigua estación de Plaza de Armas, procedente de Algeciras, para que los carabineros no le registraran, les ofrecía un cigarrito en cuyo interior iba envuelto un billete. Una tía abuela de mi mujer en Cádiz fue detenida en esos años por llevar bajo la ropa más barras de pan que las que le correspondían del cupo de racionamiento.

Seguramente, el hambre, la necesidad, te empujan a emplear cualquier medio a tu alcance para salir de una situación complicada, pero imagino que llega un momento en el que te frenas, paras, te asomas y eliges no seguir caminando por la cornisa, cuando ya no es necesario. Hay un pequeño consuelo, cuando miras a tu alrededor y te preguntas si has causado algún mal a alguien. Seguramente no y deduces que el fin ha justificado los medios, por una vez en la vida.

Pero la cosa empieza a ponerse peor, cuando coincides con algún Mario Conde de la vida en cualquier foro de opinión o entrevista en la tele; con algún Dioni, actualmente agente inmobiliario, con algún malayo…y concluyes, “pero qué coño, si estos se lo llevaron calentito y están en la calle viviendo como Dios”, lo mío es de tonto, con mayúsculas, subrayado y arial 50.

Ahí creo que radica uno de los origenes del problema. No sabes a quién le quitas algo, de hecho puedes ser tan imbécil que crees que le estás mangando a alguien que no tiene cara y que por tanto no es una persona, al Estado, a la Diputación, al Ayuntamiento, a la Mancomunidad, a la Compañía del Gas o de la Luz, a los accionistas, ¿Quién coño serán los accionistas?. Incluso peor, puede ser que la cara que le pongas sea la de un político rastrero de tres al cuarto al que igual no le tienes simpatía, algún banquero o presidente de una gran compañía y piensas que le birlas algo de su cartera, para fastidiarle la cena en el Bulli del sábado o la montería del domingo. Y lo más de lo más, “para que se lo lleve otro, mejor me lo llevo yo”.

La vorágine de corrupción-mangazo-trincamiento-“dónde está la bolita, aquí o aquí” con la que estamos ultimamente conviviendo día a día, nos está llevando a una situación de saqueo sin control que está empezando a dar mucho miedo. Y hablo de saquear nuestras conciencias, que lo demás ya está bastante esquilmado. Cada día es más dificil creer en un sistema que no activa a tiempo sus controles para evitar estos asaltos a cara descubierta y proteger a la legión de “carteras desvalijadas” que lo sostenemos. Miras las comisiones que te cobran los bancos por nada, los descuentos de IRPF y seguridad social de tu nómina, el IBI, el puto sellito del coche, el impuesto de matriculación, las tasas de mil tipos que por el simple hecho de vivir y morir tienes que pagar y luego llegas a la conclusión de que es tu cara la que estos malnacidos tenían que ver cuando hacen el egipcio (utilizando un simil de mi admirado Forges) y obtienen el doctorado en trincología.

Y son sus caras las que debemos recordar cuando cojamos bache tras bache, perdamos vida en los atascos, nos la juguemos en la carretera, suframos el transporte público, los experimentos educativos, las colas innecesarias y sin explicación, y finalmente el que quiera y crea, que vaya a votar. En esos momentos, acordémonos de sus caras y olvidémonos de ellas cuando acaben donde tienen que acabar, en el trullo. Que sus jurdeles sirvan para reparar todo lo que han jodido.
Viva Alcorcón.

martes, 3 de noviembre de 2009

Otra sobre vinos y olores


Ultimamente vengo comprobando la riqueza literaria del castellano aplicada al vino. Una buena nota de cata es como un prólogo de un libro, aunque a veces pueda convertirse más en su epílogo. Debo confesar que a mí las notas de cata me predisponen cuando pruebo un nuevo vino, hay grandísimos escritores escondidos en las bodegas y cocinas de este país. En ocasiones es como un fragmento de la obra pendiente de publicar de Millenium, que dependiendo del nivel de adicción que tengas a la trilogía, puede hacer que tu curiosidad elimine cualquier aspereza literaria y sea capaz de digerir cualquier cosa que leer, hasta el depósito legal y la fecha de la 1ª edición y posteriores. Otras veces, igual te alerta sobre detalles que nunca considerarías y que forman parte de las impresiones personales del sumiller, que aunque no dudo de su opinión cualificada, no deja de ser una opinión.

En mi caso, cuando me encuentro frente a un sumiller, calibro mi nivel de entrega. Creo firmemente que su cometido principal es completar el disfrute de la comida, y conseguir que todas las elecciones que haga el cliente sean “espléndidas”. Cuando doy con una persona que cumple con esta premisa, me entrego sin remisión. Ahora compro vinos asiduamente, soy capaz de situar en el mapa las principales denominaciones de orígen, el vino de guisar es el único que entra en casa en formato tetrabrick, tengo la vitrina poblada de diferentes tipos y tamaños de copas, tengo un decantador, tres sacacorchos y el convencimiento absoluto de que los romanos y los griegos no tenían dioses del vino por gusto.

Volviendo a la parte literaria, he traído una retahíla de adjetivos y expresiones que he entresacado de algunas notas de cata. Os recomiendo de todo corazón su lectura. Si después de esto no os apetece descorchar una buena botella, algo en vuestro interior está oliendo a cadáver.

"Aroma de buena intensidad, con madera tostada en primer plano, con un puntito de laca de uñas, finas sensaciones florales. En nariz es especiado (pimienta, vainilla), ofrece pequeños frutos rojos maduros (cerezas, moras), regaliz, plantas de monte bajo, hierbas aromáticas.
Recuerdos especiados y de incienso, de hierbas aromáticas y plantas, cacao y fruta madura (cerezas), caramelo inglés.... La primera impresión son recuerdos de acetatos (barnices) que se van marchando con la oxigenación. Detrás van surgiendo muchas cosas; especias, cacao, tierra mojada (setas, champiñones), fruta madura... Es un vino de color prudente, dominado por un veloz baile en copa que invita a pensar en suaves texturas. Aromas puros y sutiles de zarzamora, bien mezclado con una selección de cacaos y lácticos. Unos livianos movimientos hacen que se desprendan emocionantes esencias de mina de lápiz y tinta china."

Con un pequeño esfuerzo, soy incluso capaz de visualizar estas sensaciones. La compañía en la comida y lo que los gastrónomos llaman un correcto maridaje de los vinos, completan este paseo que no podrás capturar con ninguna cámara digital por muchos megapixeles que tenga y que perdurará de verdad en tu recuerdo. A lo mejor es entrenamiento o, seguramente, la edad pero cada día recuerdo más olores y sabores. Ya me queda menos para captar ese “color prudente, esa emocionante esencia de mina de lápiz o ese aroma a plantas de monte bajo”.

No hay duda de la relación entre el vino y la literatura, de hecho, una de las interpretaciones del cuadro de los borrachos de Velázquez que os he puesto arriba, es la de que Baco coronaba con un ramo de hojas de vid, a uno de los siete borrachos que lo rodean y que podría tratarse de un poeta inspirado por el vino. En fin no seré yo quien dude de esta licenciosa interpretación.

Dado como está el patio y la altura literaria que ha alcanzado la cata de vinos, quiero romper una lanza a favor de otros olores y aromas que no debo olvidar y que aunque no están recogidos en ninguna nota de cata, forman parte de mi vida, y a los que quiero dar la “altura literaria virtual” que se merecen. A saber: el aroma del serrín en el suelo de los bares, el fuerte olor del aliño de las aceitunas gordales, el rancio olor a taberna, las cáscaras de los cacahuetes, el olor a taifol y zotal de los servicios de los bares por las mañanas, la carne de pinchito en la plancha de las cocinas, el adobo del pescaito, el queso viejo recién cortado, el pan calentito de la talega, la fragancia de la chacina y del jamón colgados con su estalagtita de grasa amenazando la “pulcritud” de la barra,…

Está claro. Uno de mis objetivos en la vida es exprimir al máximo los sentidos y registrarlos en la memoria. Es lo único que pienso llevarme para la eternidad. Hermanos, creo que por fin llega el otoño de verdad y comienza a correr el mosto por el Aljarafe.

martes, 27 de octubre de 2009

Willy el grumete

Se producen situaciones que con ayuda mediática se convierten en temas de gran impacto, pero que con el transcurso de las horas, días o incluso semanas, se van desinflando como noticia. Es fácil acostumbrarse al horror por la tele, a las catástrofes, a la muerte y a la desesperación de gente que sufre pero que nos parecen muy lejanos a nuestra vida cotidiana. Simplemente cambiamos de canal y buscamos algo más agradable, que nos entretenga y nos divierta.

Es tan reiterativo que ya no nos sorprenden los atentados que se producen casi a diario en Irak. Sabéis que ayer en dos explosiones se han producido 155 muertos y más de 500 heridos?, No sé si es importante pero la mayoría eran civiles. Mañana esto ya ni tendrá importancia informativa. De hecho, creo que hoy ya casi no la tiene y empieza a pesar más que Messi haya vuelto a marcar o que el Madrid ande perdido sin su amado CR9.

Tan terrible es que estos muertos y heridos anónimos caigan en el olvido como que las situaciones que hace un par de semanas nos salpicaban la cara de asombro e indignación, ahora nos hayamos acostumbrado a vivir con ellas. Te acostumbras al frío que entra por debajo de la puerta y subes un poco la calefacción. La puerta cierra mal, empujo un poco y ya encaja. No lo arreglamos, nos acoplamos y ya no hay problema.

Sabéis que ya va para casi un mes de lo del secuestro del pesquero español en la costa de Somalia? Ya no es importante, peor, ahora se hace casi sorna de lo que está ocurriendo y mucho peor de lo que se está haciendo por solucionarlo. Hace unos días, en un alarde de estrategia militar capturamos a dos piratas de los que tienen trincados a nuestros compatriotas. Nos hemos gastado una pasta en trasladarlos a España para que los procese Garzón, defensor de occidente y azote de las injusticias en el mundo. Pues nada señores, lo que le interesaba a los medios es que uno de los individuos podía ser menor, aunque luego resultó ser mayor. Alguna emisora lo ha bautizado como Willy el grumete. Willy el grumete en las costas de Somalia. Como dijo alguno, parece el título de una película porno. Desde luego, bastante lejos de clásicos del género como Blancanieves y los siete enanitos cachondos. Lo de los pescadores con el paso de los días, servirá como noticia de relleno, entre los sucesos y los deportes o el pronóstico del tiempo.

Bueno, no nos desviemos del tema. Creo que internet nos da una herramienta perfecta para saber qué puede estar pasando por ahí y al igual que hago con la radio, como sabéis, lo mismo hago con la prensa: me preparo mi variadito informativo. Entre semana, de las ediciones digitales de la prensa me pulo las portadas del diario de Sevilla, diario de Cádiz, el Mundo, el País, el Expansión, el Periódico de Cataluña, el ABC y la Razón. De lo de dentro, sólo la columna de Antonio Burgos que para mí es como el cafelito hispalense auténtico de las mañanas. Eso sí, el hombre tiene sus días y hay que entenderlo. Tantos años viviendo en el centro, igual le han hecho olvidarse de la periferia y del area metropolitana.

Los domingos, como mínimo el Pais, que trae la taza de los beatles y un suplemento de bastante nivel a pesar de la publicidad. A veces el Mundo porque tiene el suplemento más grande y el diario de Sevilla que ultimamente trae una colección de cinturones cojonuda y del ABC la columna de Pérez Reverte del suplemento. A ver si con este cubata de información logro leer entre líneas de una vez por todas y me sacudo esa triste habilidad que parece que hemos desarrollado para olvidar rapidamente a los 150 muertos de Irak en pos de que Andreíta se coma el pollo o el premio ondas de Jorge Javier Vázquez,...Diooos. Un saludo para toda la peña que hoy ya está bien de barrer por debajo de la alfombra.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Las bicicletas no son solo para el verano.


Mi primer contacto con las bicicletas fue con 7 u 8 años. Mi hermano mayor nos regaló a mi hermana y a mí una bicicleta plegable, que nunca plegamos por cierto pero era la moda del momento, de marca rabasa derby de color blanco. Al poco tiempo y aprovechando que mi hermana pasaba un poco de la bici, entre otras cosas porque había que bajar y después subir, 80 escalones cada vez que queríamos sacarla, acabé adueñándomela.

Pocos años después, a mis amigos y a mí nos dio por lo que hoy denominaríamos tunear la burra. Claro que con muy pocos medios, y siempre buscando que la bici se pareciera cada vez más a lo que nunca podría ser: una moto de motocros. Cualquier cosa. Así que dicho y hecho y manos a la obra. Le desmonté los guardabarros, le compré por 35 pelas un manillar de moto de segunda mano con más óxido encima que el Titanic, le quité todas las pegatinas y le puse unas de montesa y bultaco que compré en una tienda de motos. Unos vaqueros guarrillos y una camiseta de mangas largas blanca con el logo de bultaco que me regaló mi hermano. De esta guisa nos íbamos a un circuíto de motocros que se llamaba las lomas, en las afueras, dirección Camas. Creo que salí tres veces, a la que hizo cuatro volví a casa con una mitad de la bicicleta en cada mano, lo que se llama reventar el cuadro, y algún que otro kilo de polvo del camino por encima. Unos puntitos de soldadura del herrero del barrio Voluntad y a la carga otra vez. Así hasta que ya mejor para qué la vamos a sacar del lavadero, que allí no estorba a nadie. Finalmente, en una de esas fiebres de tirar cosas “inútiles” que le daban a mi padre, lo que quedó de mi rabasa derby modelo all terrain hasta la muerte, fue a la basura.

Tuve otro romance con la bici mientras hacía la carrera. Ir a la facultad en bicicleta me daba cierta independencia y libertad para entrar hasta los bajos de la escalera de la Facul (estudié la carrera en plena transición, una etapa muy divertida en la universidad), hasta que lo prohibió el decanato con la excusa de que habían hecho unos aparcamientos muy monos en la puerta. Un día que fui a mirar la nota de un parcial de Civil, que para colmo suspendí, fue el último día que ví y disfruté de mi bh roja con tres velocidades y frenos cantilever. No me dejaron ni el pitón con que la amarraba. Cabrones, ojalá os pudráis en el infierno.

Bien, dicho esto, ya puretón y dueño de mi frigorífico, con esa curva que no se a quien hace feliz y que te obliga a desarrollar el oído para poder mear dentro, retomé mi afición a la bicicleta. Empecé con una del decathlon de oferta que aún conservo para moverme por mi pueblo y a la que le dí una caña tremenda en mis primeras salidas campestres (otro día las cuento…). Tres años después, pedí con verdadero fervor a mi ídolo Baltasar (el que con sus colegas solo trabaja una vez al año), alguna burra más en condiciones. Este con la colaboración del Corte Inglés me trajo una B-pro zs1 que desde ese día se ha convertido en mi compañera de correrías por campos, sierras y playas de los alrededores. Casi siempre salgo con vecinos, amigos o el pibón a los que no les da vergüenza salir con un tipo con culotes y casco a dar un paseito mañanero los domingos. Os confieso que es, como dije al principio de empezar con esta aventura virtual, uno de mis placeres favoritos. Echar un par de horitas por el campo en otoño o primavera (para mi las mejores épocas) me recargan para toda la semana. No sé hasta cuándo podré continuar con esta afición, pero mientras las piernas y el culo aguanten, seguiré madrugando los domingos para hacer el cafre por el campo. Os he puesto una foto de mi bici en la barcaza de Coria cruzando el Guadalquivir.

Nos vemos por los caminos. Un saludo patós.

lunes, 19 de octubre de 2009

Jugón


Creo que no me va a gustar esto, no me gusta decir cosas sobre gente que se va de pronto pero me veo obligado a hablar de Andrés Montes, este tipo que le ha dado por abandonarnos a nuestra suerte a los aficionados al deporte. Y nos abandona en estas aguas pantanosas de periodistas y locutores deportivos que se parecen cada vez más a máquinas tipo: “si quiere información sobre…pulse 1, para cualquier otra cosa, permanezca a la espera”.

La diferencia que este tipo marcó en las retransmisiones (primero la NBA, después el fútbol), es algo que cada vez hecho más de menos cuando veo deportes en la tele, o escucho la radio. Confieso que al principio me exasperaba, cuando se olvidaba de lo que pasaba en el terreno de juego y se dedicaba al “all you need is love”, pero no puedo negar que cuando veía retransmisiones en otros medios notaba que faltaba algo. Esta gente no sabe transmitir su afición, su admiración, su disfrute del deporte, simplemente suministran datos. No quiero ser injusto y hay excepciones: el Patxi y sus colegas de la sexta, los comentarios de tenis de Alex Corretja y pocos más.

Para contar los deportes, hay que tener vocación, devoción y pasión. Igual son sentimientos primitivos pero sinceros sin lugar a dudas. Para escribir sobre deportes da igual. Por propia experiencia sé que el papel lo aguanta todo pero los sonidos y las imágenes, no.

El jinete pálido, Alves moto gp, tiburón Pujol, Xavi Humphrey Bogart, y este que junta estas palabras, te recordaremos siempre.

La vida puede ser maravillosa, pero ahora va a costar un poco más. Hasta siempre jugón.

jueves, 15 de octubre de 2009

La aradio y yo


Es sorprendente, por más avances que se han ido produciendo con las nuevas tecnologías de la comunicación, la radio se ha ido adaptando a todas. Es de lo poco que puede convivir siendo analógico y digital. No hay que tirar ningún transistor, ninguna radio de válvulas de los años de las cartillas de racionamiento. Valen todas. Es de las tecnologías más solidarias y respetuosas con sus mayores y antecesores. Nada de este móvil ya no es 3G, así que a cambiarlo por otro. Mi tele no tiene tdt, qué voy a hacer. Todas se pueden usar. Unas no eliminan ni sustituyen a las otras, amplían el “radio” de influencia (perdón por el chiste fácil).

Como digo, llegan a más y mejor. Puedes escucharla por internet, te puedes bajar los podscat, a los que te puedes hasta suscribir, después al aipod o a un cd y listo. A disfrutar otra vez. La radio está muy bien porque no le tienes que poner cara a nadie, te la puedes inventar. Asocias una voz a una persona imaginaria. Es como el amigo invisible, sólo que con este no hablas. Sólo escuchas y si te mosquea o no te gusta la música que pone, la apagas o cambias de emisora. La tele sí que ha matado a alguna que otra estrella de la radio: qué mal Iñaki Gabilondo y Pablo Motos. Me parecen tan ridículos con esas caras encartonadas de tanto maquillaje. Iñaki está inmóvil pero el Pablito intentando chupar cámara de sus invitados y de sus colaboradores...un poco patético, la verdad.
Tengo radio en la cocina (pa desayunar, básicamente), en el cuarto de baño (para tener compañía mientras…me afeito), en el dormitorio un radio reloj (pero esta la uso menos, será porque en la cama me entretienen otras cosas), en el coche (la enciendo antes que el motor). Tengo hasta un transistor de mi suegro (el de la foto de arriba) que se compró a finales de los 50 con el que escuchaba radio exterior desde Liberia donde estuvo currando con los americanos, que tiene el tamaño de una caja de churruscos cuétara y chupa más pilas que una nuclear, pero aún funciona. En fin, siempre hay alguien contándome cosas, poniéndome musiquita, riéndose de tonterías o relatando noticias, de fondo. Esto me mantiene alerta.
Lo malo de todo es cuando se ponen de acuerdo en lo que cuentan. Y ponerse de acuerdo, hermano, es hablar de lo mismo, aunque desde cristales diferentes. Ya sabemos que la COPE, Ondacero, Radio Nacional o la SER, se parecen lo que un huevo a una castaña, pero cuando se trata de despellejar o encumbrar al bigotes de los cojones, la puñetera crisis, el paro, la inflación o deflación, Afganistán y nuestra misión humanitaria de guerra no declarada, las miembras, las pastillas del día después, del día de antes o de antié por la tarde, la gripe abecedaria, el novel de Obama, o los piratas de Somalia, no hay problema.

Tanta información satura y hace que no distingamos lo importante de lo superfluo. Es una vieja técnica de informar desinformando, pero bueno, para eso está el mando de sintonía y el de on off. En la variedad sigue estando el gusto. Así que dependiendo de la hora, escucho cosas diferentes.
Por las mañanas, mientras me afeito, me ducho o hago de cuerpo, un informativo de media horita de radio nacional. Para ir a currar, un programa musical de radio 3 de Rne que me encanta y que se llama, “Hoy empieza todo” (un título cojonudo). Para regresar de currar, el debate del programa de Julia Otero de Onda Cero o la caña de Rock&gol. Mientras preparo la cena, el programa de Alsina en Onda Cero y para dormir, silencio por favor, alguna caricia, el brikindance, el crusaito o el robocop, según se tercie, que ya está bien de tanta aradio.

Un saludo pal que sea.